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Louis presumía de haber nacido entre algodones. Lo que no contaba, era el trasfondo de esa particularidad pomposa que lo distinguía del resto de la gente: Louis nació en alguna parte de Missouri en medio de una cosecha de algodón, en 1836. Muy pronto -a la edad de 4 años- mostró notorias cualidades hacia el blues: era un completo nulo con el trabajo forzado, se la pasaba tirado quejándose de dolores inexistentes con tal de no trabajar y golpeaba las cuerdas de la guitarra de su abuelo que había muerto un año antes por causas desconocidas, pero que todo el mundo asociaba a la ingesta de algodón con alcohol. (Su abuelo siempre decía que el blues era la tristeza del alma y que el alcohol curaba las heridas del corazón. Este pensamiento poético lo llevó a la práctica... y también a la tumba).
Louis supo acompañar esos días de sufrimiento bajo el sol, con las aún más tortuosas melodías de su voz, lo que derivó en que los suyos lo hecharan de allí inmediatamente, abandonandolo a los 5 años en un vagón oxidado, con rumbo a california. Louis pasó su infancia y parte de su larga adolescencia viajando de condado en condado, de pueblo en pueblo, buscando el "verdadero blues".
Llegó a grabar un disco de pasta al cumplir los sesenta y tres justo antes de morir en plena calle, atropellado por el único coche que existía en el pueblo, al salir del bar en que acababa de compartir su reciente éxito con desconocidos de barra, y de gastarse su contrato discográfico en whisky barato. El disco que grabó Louis llevaba una única canción: "Más triste es pedir". Una canción que resultó ser la historia de su vida: cantar canciones tristes para sentirse mejor.


















