28.8.11

LA VOZ...

Detrás de aquél ridículo y frágil pseudónimo se escondía uno de los más despiadados críticos literarios. Su voz era la de la sentencia. Las obras que pasaban por su filtro eran desmenuzadas hasta el detalle sin importar de dónde o de quién provenga. Este carnicero del arte era un animal feroz cuando elegía a su presa. Lo peor que podía pasarle a un autor era encontrarse criticado por Jean H. Gálvez.

· da critic ·

Daba igual que se tratase de una obra teatral mainstream, de la inauguración de una muestra de esculturas de un artista plástico desconocido, de un libro de recetas de comida de autor o de una reciente novela gráfica de una editorial pequeña, ahí estaba él, oculto tras esa gigantesca y vanidosa hache muda listo para sacar su hacha y comenzar a leñar lo que pronto será un árbol caído del que luego todos se nutrirán de leña... Así era y así había sido desde que comenzó un día, en un pequeño diario de un pueblo pequeño, sin casi habitantes. ¿Quién era ese desconocido infame que intentaba apedrear a la cúpula ortodoxa del arte abstracto occidental?... ¿eh!. Aquél ser minúsculo forjó su figura a base de certeros golpes en lugares insospechados que terminaron desenmascarando la idiotez que se ocultaba en las imperceptibles grietas de una piel estirada demasiado tiempo, demasiadas veces en el arte.

Así era hasta que, un día decidió ir más allá y criticar lo inviolable: las sagradas escrituras. Según él "no es lo sagrado del asunto lo que critico, sino la manera torpe e inconexa, casi disléxica lo que la vulgariza". Esas palabras fueron un cimbronazo que traspasó los límites del arte de la crítica y provocaron un desastre del que "H" jamás se repondría y no por el ataque de los vigilantes religiosos sino de esos críticos menores que vieron en esas palabras, un vestigio posible donde filtrar sus cuchillos, sus críticas... Comenzaron a salir de todas partes, de cualquier medio, de cualquier país, todos tenían cabida. Desmembraron una a una las palabras del crítico, ya no sólo de esta crítica en particular sino de todas sus otras críticas. Fueron detrás de cada palabra mal usada, detrás de cada punto y coma, detrás de cada acento mal colocado... Hasta ese momento "H" era tan sagrado que nadie se había atrevido a husmear en su costado ortográfico ni en su equivocada gramática. En ese momento "H" comenzó a sentir las pequeñas hachas que se hundían en él y cómo, todo su personaje, su obra y divinidad, comenzaban a tambalearse.

No tardó en caer su figura y con él toda una manera de ejercer la crítica. El árbol y todas sus raíces al descubierto, la desnudez y... la soledad.

No se supo más de "H". Oculto toda su vida detrás de esa misteriosa letra sin sonido desde la que dictaba sus pensamientos críticos a la humanidad, se fue enmudeciendo para siempre hasta desaparecer dicen, en aquél pequeño pueblo sin habitantes del que salió, recluído en una pequeña granja y rodeado de animales que tampoco le dirigen la palabra.

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* con cariño y respeto a los que se dedican a esto y lo hacen... con cariño y respeto.

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